Tiempos Viejos...

La historia se remonta a los años 30, no hay muchas presiciones. Quizás sea 1939, el 30 de octubre, fecha en la que se expide el certificado de inspección final para la finca ubicada en la calle Forest 1192/94 según su antigua numeración.


Para esos años las calles eran de empedrado y el edificio proyectado por el arquitecto Esteban Sanguinetti y construido por Salvador Algeri, un buen ejemplo del art-decó porteño, era distinguido al ser publicado en la “Revista del Centro de Arquitectos”.

Como se ve en las fotos de época, el panorama era muy distinto, los tranvías 88, 94, 95 y 96 surcaban nuestras puertas y la que hoy es la plaza San Miguel de Garcois era un galpón que hacía las veces de depósito estacionamiento para dichas maquinarias.

En aquellas épocas doradas del tango, el bar contaba con una selección de visitantes de lujo, como los hermanos Espósito, Homero y Virgilio, Jullián Centeya, Aníbal Troilo y Homero Manzi entre otros. Una mención aparte merece un vecino ilustre y habitué del lugar, el maestro Osvaldo Pugliese, que tenía su rincón preferido cerca de la ventana y según cuentan, compraba el diario en el puesto de “Calamu” sobre avenida Forest antes de pasar por su cafecito. Mudado desde Villa Crespo a la calle 14 de Julio, donde naciera la “Beba”, quien recuerda entrañablemente su paso por el barrio, los sándwiches de lomito acompañados por la cerveza tirada y los bailes en el Sporting… Fue ella, quien años mas tarde y convertida ya en una eximia autora y pianista inmortalizara esos momentos en un tango con letra del poeta Italo Cúrio. “Mis Ocho Esquinas” fue grabado por la orquesta de Don Osvaldo. En nuestras paredes tangueras se exhibe con orgullo la partitura que nos fuera obsequiada de puño y letra por su autora.

La historia de OCHO ESQUINAS es tango, pero no es toda su historia. Enclavado hoy en la triple frontera porteña, Chacarita, Villa Ortúzar, Colegiales; Sobre Avenida Forest y atravesado por las Avenidas Alvarez Thomas, Elcano y alguna callecita se encuentra funcionando de manera ininterrumpida este antiguo bodegón. “el bar del Rojo”, “la Munich” o “el bar Alemán” como era conocido por sus parroquianos debido a lo particular de su oferta gastronómica. Fueron sus quesos y jamones lo que en los años 70 lo convierten en un inevitable punto de reunión.


Es que la picada, el vermouth, un copetín, son algo para compartir. Y de eso sabemos los porteños. En esos años se suman los platos alemanes y la cerveza tirada. Nace un clásico...

Las noches se vuelven imperdibles y son habituales las visitas del “loco” Gatti, Norberto “Papo” Napolitano o el “Conejo” Tarantini. Otros, como los vecinos Ermindo y Daniel Onega preferían las mañanas de café.

A más de 70 años de su nacimiento, mantenemos viva su esencia y espíritu. El lugar esta intacto, cuidado. Sus paredes respiran historias de tango, noche y reunión junto a un pocillo de café. Luis Salinas, Juan Sasturain, Carlos Polimeni, ocasionales visitas, como otros poetas, músicos y periodistas lleguen quizás buscando la inspiración de ilustres visitantes que en el pasado ocuparon estas mesas…

Por ser un referente del barrio, OCHO ESQUINAS fue declarado “Bar Notable” de la ciudad de Buenos Aires por el Ministerio de Cultura. En Diciembre de 2011.